Mi presentación lo dice. Soy mamá. Lo que no dice es que lo soy apenas desde hace tres meses. Y bueno, mi camino hacia la maternidad inició un poco accidentado. Va el relato.
Tengo contratado un seguro de gastos médicos mayores en ING Comercial América, así que averigüé los nombres de los doctores y hospitales de la red y entre ellos estaba Alfredo Valentín Salas, que es el director de la Clínica San Luis, ubicada en el puerto de Veracruz. Decidí ir con él porque era el que me sonaba menos desconocido y el consultorio estaba cerca de mi casa.
Empecé a atenderme ahí en noviembre de 2006 y yo lo sentía un poco seco en cuanto al trato, pero pensé que a lo mejor eran "nervios de embarazada", y una amiga que tuvo a su bebé y se atendió con él me dijo que a lo mejor era medio serio, pero que al cabo no me lo iba a llevar a mi casa (ay, Enna… te vuelvo a hacer caso… jejejeje). Mi marido me dijo lo mismo, y bueno, decidí dar oportunidad de tener un mayor trato para juzgar con fundamento. Primero como que se molestó porque en diciembre me hice unos análisis que me pidió en un laboratorio externo y no en el de su hospital. No fue muy explícito, pero sí hizo unos comentarios que ni al caso venían, como que en su laboratorio le daban la información de los resultados más detallada (me la hubiera pedido así desde el principio para solicitarla de esa forma ¿no?) Decidí no darle importancia al asunto.
Ya en enero de 2007, antes de la consulta mensual, decidimos que queríamos salir de viaje para huir del carnaval, así que le pedí a mi marido que le llamara para preguntarle si esto era posible. La respuesta la mandó con su secretaria y fue no. Ni hablar, pero hubo algo que no me pareció, y fue que la señorita dijo que el doctor comentó que si salíamos era bajo nuestro propio riesgo... Yo pensé: “A ver, señor, desde el momento en que le estamos llamando es porque le haremos caso, si es bajo nuestro riesgo, pues ni le avisamos, compramos boletos y adiós, pero obviamente, la prioridad, por encima de unas vacaciones, así fuera la única oportunidad de ir a la Luna, era el embarazo.” Una vez más, mi esposo me dijo que no lo tomara así, que a lo mejor no tenía los mejores modos, pero que no le hiciera mucho caso. Incluso llegué a pensar que a lo mejor la secre le había echado de su cosecha, pero no, comprobé que él lo había dicho, porque más avanzado enero volvimos y le preguntamos si el problema por viajar era el avión o qué onda, y nos dijo que no, que era simple precaución y que él siempre decía que no aconsejaba, pero que si salíamos era bajo nuestro propio riesgo... o sea, la secretaria nunca exageró…
Regresamos en febrero de 2007 a la cuarta cita (me gusta la mala vida, ¿se dan cuenta?) Llegamos y muy bien, yo traté de no predisponerme, de ir de buen humor y seguirle el jueguito al señor. Al principio todo bien, mi principal duda era el rollo del síndrome de Down (dice Enna que cada embarazada tiene sus propios demonios, el mío era éste), que la verdad me angustiaba por mis 34. Me dijo que no, me dio estadísticas de riesgo, bueno, me informó súper bien. Pensé: “Ahí la llevamos”. Luego le pregunté sobre medicinas que podía tomar para dolor de cabeza, en fin, todas esas cosas que una, como primeriza, no sabe si pondrán en riesgo el embarazo, y no hubo problema… pero no hice más que tocarle el punto de cómo funcionaba lo del pago con la aseguradora, para verlo ya molesto. En ese momento le llamó a la asistente y él se paró del escritorio, como apurándome para que pasara al área del ultrasonido, y me dijo que lo único era llenar la papeleta y ya. Yo le insistí en cuanto a la cantidad de diferencia que podríamos tener que pagar, o al menos un aproximado, para estar listos en su momento, como era natural (digo, no soy millonaria como para decir que el dinero no me preocupa), y me dijo que no podía responderme eso, que las aseguradoras eran muy variables ¡y que a veces acababan sin pagarles nada a los pacientes!, todo ya en un tono bastante alterado, pero diciéndome que no era que fuera grosero (ay, nooooooo), pero que yo seguía preguntándole cosas que él no podía responder... que en realidad, la que tenía que saber eso era yo, que por eso había contratado la póliza... La pobre asistente estaba de mil colores y súper amable (gracias, Toñita) me dijo que al finalizar la consulta ella me podía explicar el sistema de la aseguradora. Respiré profundo y pasé a que me hiciera el ultrasonido. Cuando apenas iba a empezar, y tratando de olvidarme de sus malos modos, se me ocurrió la "osadía" de preguntarle: "Oiga, ¿y será que ya se pueda ver qué es, si niño o niña?" Yo toda emocionada por saber la noticia. Su amabilísima respuesta fue: "¡No me presiones, primero te tengo que ver!", lo hizo de una manera taaaaaan déspota que tuve ganas de pararme, pero ya estaba toda embarrada del gel ese que te ponen, y tampoco quería hacer un espectáculo ahí. Yo sí soy diplomática, aunque la verdad le aventé ojos de pistola.
Pero esto no fue lo peor. Primero va el antecedente: tengo una amiga que tuvo a su bebé por cesárea y me platicó que su médico tenía entre su equipo a un cirujano plástico, que era el que la había suturado a ella y no le había quedado ni un rasguño. Entonces, me "atreví" a preguntarle primero, así como lo cuento, si él ya tenía a su equipo de médicos conformado, sólo eso, lo juro. Su respuesta fue: " Sí, y no lo modifico bajo ninguna circunstancia, pero no te puedo decir quiénes son porque es algo muy cambiante"... ¿Qué clase de contestación es ésa? Yo sólo le pregunté si ya tenía equipo, nunca le traté de imponer o cambiar a alguien. Entonces le dije que se lo preguntaba porque no sabía si era necesario que a lo mejor yo llevara al pediatra o algo así, y con una sonrisa burlona me dijo, "Yo te hubiera dicho" (como si yo hubiera tenido tres hijos antes en su hospital y supiera bien todo). Y luego de eso, todavía tuve el "descaro" de decirle lo del cirujano plástico y bueno… me dijo que yo no sabía ni de lo que estaba hablando, que estaba yo muy mal, que los cirujanos plásticos le huían a las embarazadas porque "están todas inflamadas", en un tono absolutamente despectivo y con cara de asco, que a él, en sus 25 años como médico nunca le habían hecho esa pregunta, que esa misma noche iba a ir a una junta con la Asociación de Ginecólogos y que les iba a exponer mi caso a ver que opinaban, ¡que le diera el nombre del médico que hacía eso! (aja… dos nombres le iba a dar), que él no sabía quiénes eran mis amigas, pero que eso jamás lo había oído y que mejor buscáramos otro médico, que él tenía 40 cirugías al mes, muchas pacientes y que no necesitaba problemas con una como yo, que si yo pensaba que él no sabía suturar o qué. Mi esposo lo puso en su sitio con toda la elegancia del mundo (¡bravo!) le dijo que él trabajaba con computadoras y que si a él le cuestionaban sobre lo que le había hecho a un equipo, él respondía con una explicación, que no era para que se pusiera en ese plan. Entonces el doctor dijo, "Pues no, mi respuesta es no", y mi narido le contestó: "Eso hubiera sido más fácil decirlo desde el principio, un sí o un no, nada más, ¿no cree, doctor?" Y el señor volvió a decir "Pues mi respuesta es no", y yo le dije que OK, que estaba bien, que yo sólo tenía esa duda, pero que no era para que se ofendiera, que en ningún momento yo había intentado decirle que él no sabía hacer su trabajo, y todavía me dice: "No, si yo nunca pensé eso", entonces ya realmente estaba yo hasta el gorro y sí le contesté: "¡Claro que lo pensó, porque acaba usted de decírmelo, y mi intención nunca fue ésa. No sé si le molestó que le preguntara por la aseguradora o algo así, porque lo veo bastante alterado!" En fin, que después de eso, y como ya vio que nosotros le contestamos con mucha educación, porque jamás nos rebajamos a su nivel, de pronto cambió un poco el tono, me dio la receta y le dijimos que nos veíamos en un mes... claro, pensando que si creía que de verdad regresaríamos, era un completo ingenuo.
Poco después hablé a la aseguradora y puse mi queja con la coordinadora de los médicos de ING en Veracruz, la Dra. Ángeles Baza. Ella fue amable y, desde luego, le recalqué que el señor había tenido el descaro de malinformarme, diciendo que había aseguradoras que acababan sin pagarle nada a los pacientes, le dije que prácticamente "mordía la mano que le daba de comer", porque yo estaba segura que de esas 40 cirugías al mes que tanto me presumió, varias eran por medio de la aseguradora. Desgraciadamente, ya no supe si esta persona hizo el reporte necesario.
Mi maridín me dijo que si el doctor fuera más inteligente, su respuesta hubiera podido ser la misma, pero con otras palabras: "No, esa opción no la manejamos nosotros, pero si lo que te preocupa es la marca que te pueda quedar, no hay problema, porque la hacemos con mucho cuidado, no se te va casi a notar". Y del equipo de trabajo algo como: "Así es, yo tengo a gente de toda mi confianza, trabajamos en perfecta comunicación, todos son excelentes, no tienes nada de qué preocuparte, yo los recomiendo y respondo por ellos. En cada especialidad tengo varias opciones, porque depende de quién esté disponible, pero todos son muy buenos". Al final me hubiera dicho exactamente lo mismo, pero de buena forma y yo seguiría feliz de la vida en su hospital. ¿Qué le costaba ahorrarle un disgusto de ese tamaño a una
PACIENTE EMBARAZADA?
Pero Dios sabe por qué hace las cosas, pues gracias a mi amiga a la que sí le suturó el cirujano plástico (¡gracias, Tocayita!), di con el ginecólogo que finalmente me atendió: el Dr. Vicente Rocha González. Él sí es un profesional, lo demás son puras caricaturas. Él sí tiene equipo de última tecnología (ultrasonido 4D,
Doppler, silloncito electrónico... puras monerías), pero sobre todo, él sí tiene un trato humano y gentil con sus pacientes (“Tú, tranquila” te dice). Bueno, digamos que Rochita
rules (como diría mi amiga Enna…). Y mi chamaca llegó en perfectas condiciones a este mundo con un mes de anticipación, en la Bene (¿existe otro hospital acaso?)... ¿y qué creen? Por parto normal... o sea que ni cirujano plástico necesité... ironías de la vida.
Moraleja: Si consultas a un doctor, déjalo que te trate, si lo hace bien, será tu médico de cabecera, si no, nunca lo fue…